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A propósito del INDH El Salvador 2005
Rescatar la cultura… ¿De qué? O ¿De quiénes?

Miguel Huezo Mixto, oficial de comunicaciones del Informe sobre Desarrollo Humano

Todo el mundo habla de “rescatar” la cultura salvadoreña. Sin embargo, nadie dice de qué habría que rescatarla. O de quiénes. La idea del rescate es un disparate muy generalizado desde hace bastantes años. Lo repiten casi a diario algunos funcionarios, y uno que otro letrado en los programas de debate cultural del Canal 10.

Aunque no se dice de manera clara, los migrantes se encuentran entre los que son señalados como responsables de la pretendida descomposición de la verdadera cultura salvadoreña.

El disparate no es exclusivo de los salvadoreños. El mismo Octavio Paz, Premio Nóbel de Literatura, quien pasó un tiempo en Los Ángeles a finales de la década de los 40, miró con reparo la emergencia de la población latina de origen mexicano en Estados Unidos. Su hermoso libro “El laberinto de la soledad” está dedicado en gran medida a ellos, a los “pachucos”, a quienes les imputa no poseer valores positivos, ni una herencia verdadera en idioma, religión, costumbres, etc. Paz, tan acertado en otras cosas, en este tema careció de visión.

Es mejor que olvidemos estas lecciones del catecismo de Paz. Aquí y allá, ha surgido una cultura nueva. Aquí, la globalización nos está empujando a redefinir aspectos básicos de la nación, y está haciendo emerger otros actores en la configuración de la sociedad y el país. Algunos, como los migrantes, traspasan las fronteras nacionales. Sus identidades ya no se establecen solamente por los valores que tradicionalmente han caracterizado al “ser salvadoreño”.

Hasta ahora se nos ha hecho pensar que la cultura es como un cuerpo opaco, constituido por creencias, tradiciones, símbolos, lengua, territorio, etc., que conforman la “cultura propia”. Por el contrario, como dice el Informe sobre Desarrollo Humano de El Salvador (PNUD, 2005), la cultura en realidad debiera entenderse como un cuerpo traslúcido capaz de dejar ver las diversas influencias y herencias que la sociedad se va apropiando. ¿Quién puede decir lo qué es verdaderamente salvadoreño? Para poner un ejemplo, una parte de la dieta salvadoreña procede de latitudes tan apartadas entre sí, como son Mesoamérica (el maíz), Asia (el arroz) y África (el café).

Mientras algunas de nuestras cabezas más lúcidas continúan encañonando a sus adversarios con el petate de Sartre y la Guerra fría, en sus narices los “mojados” están transformando la cultura de El Salvador y la de Estados Unidos. Una parte muy grande de la sociedad salvadoreña, incluidos dirigentes empresariales, líderes de opinión y políticos, anclados en décadas de nacionalismo, de izquierda y derecha, sigue viendo a los migrantes como “hermanos lejanos”. Algunos líderes indígenas, inclusive, los consideran como la mala semilla que amenaza a nuestras raíces... Necesitamos refrescar nuestra manera de mirar el país.

El Informe del PNUD considera que el mayor desafío cultural que tiene ahora El Salvador es construir un nuevo Nosotros, y que este proyecto no será completo sin la incorporación de los migrantes. Sostiene que la cultura es el mejor cemento para establecer sólidos lazos de identidad entre los salvadoreños y salvadoreñas donde quiera que se encuentren. El documento también llama la atención sobre otro asunto crucial: el sorprendente fervor de millares de migrantes por la identidad salvadoreña no responde sólo a un sentimiento de hermandad romántica.

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