¡Gooool! La expresión
más esperada sobre los pastos donde se
practica el deporte más hermoso del mundo,
el fútbol. Una expresión única,
de Noruega a Níger, de Australia a Sierra
Leona, de Suiza a Irán, pero que se grita
en medio de contextos y realidades de desarrollo
muy distintas.
Este evento mundial que une
pasiones, competencias e ilusiones al mismo
tiempo, visto a la luz del desarrollo humano
muestra las enormes disparidades que existen
entre nuestros pueblos.
Al revisar cómo se encuentran
en términos de desarrollo humano los
países que participan en esta fiesta
futbolística, el balance es que de los
32 países que han iniciado la travesía,
20 tienen un alto grado de desarrollo humano,
10 desarrollo humano medio y 2 un desarrollo
humano bajo. El campeonato mundial también
expresa los desbalances de nuestros días,
en donde los países menos favorecidos
–la inmensa mayoría del mundo—
resultan ser los menos presentes. Esto es algo
que ocurre, por cierto, no sólo en el
fútbol sino también en la cúpula
de la mayoría de los organismos mundiales
que deciden sobre el porvenir del planeta.
Pero más interesante
es revisar cómo se encuentran posicionados
los países con más “alto
desarrollo futbolístico” en la
clasificación de desarrollo humano propuesta
por Naciones Unidas para el 2004. Por un lado
tenemos a Australia, el país con mejor
desarrollo humano, ubicado en la posición
3 del escalafón mundial, y, en el otro
extremo, a Costa de Marfil, posicionado en el
número 163 de los 177 países,
ambos coreando el mismo grito de gol, pese a
estar viviendo realidades de desarrollo humano
dispares.
El mundial alberga representaciones
deportivas de países donde la tasa de
analfabetismo adulto es prácticamente
nula (9 países) y al mismo tiempo de
otros donde 50 de cada cien personas son analfabetas
(Angola y Ghana); países donde la esperanza
de vida promedio llega a los 80 años
(Australia y Suecia), y por otro lado, a Angola
donde prácticamente la esperanza de vida
es la mitad (apenas 41 años); países
donde el gasto en salud per cápita ronda
2 mil dólares o más al año,
y otros donde el gasto en salud es mucho menos
de la cuarta parte de ese monto; países
donde la incidencia del VIH/SIDA en las personas
de 15 a 49 años es del 0.1% (Suecia,
Inglaterra, Alemania), y en el otro extremo,
países con tasas de 3.2% (Trinidad y
Tobago), o peor aún, del 7% (Costa de
Marfil)
Esto es sólo una pequeña
muestra de la realidad de los pueblos del mundo,
de las enormes desigualdades que hoy en día
persisten y que es necesario erradicar. Las
pasiones que este deporte genera, son las mismas
con las que debemos trabajar en la erradicación
de la pobreza, en la mejora de mortalidad infantil,
la salud materna, en la erradicación
del SIDA, en la consecución de mejoras
ambientales, en la consecución de los
8 objetivos de desarrollo del milenio.
El grito de gol es único,
como único debería ser nuestro
grito de batalla frente a los desafíos
que hoy persisten en nuestras naciones. El mundial
para erradicar los problemas mundiales está
servido y se juega todos los días. Es
hora de jugar colectivamente, para que juntos
gritemos gol y logremos el marcador final de:
Un mejor mundo UNO, mundo desigual CERO.