Hoy, con una fuerza paramilitar desmovilizada
de más de 30 mil hombres y mujeres
ubicada en 606 municipios del país,
con el poder intimidatorio que aún
mantiene la guerrilla a través de asesinatos
y amenazas –especialmente las Farc–,
y en medio de evidencias de infiltraciones
de intereses ilegales en instituciones estatales,
el reto de los alcaldes, concejales, diputados
y gobernadores es la defensa de la gobernabilidad
local.
El conflicto armado se ha convertido en una
de las principales amenazas de este poder
local, pero hay otras prácticas que
también deterioran la gobernabilidad
y que retroalimentan la confrontación
armada: la corrupción, las economías
ilícitas y el clientelismo.
Por eso, es difícil hablar de una
gobernabilidad fortalecida si 338 concejales
y 87 alcaldes han sido asesinados entre 1996
y marzo de 2006; si las amenazas diarias de
las Farc a los funcionarios de municipios
de Arauca, Caquetá, Casanare, Cauca,
Huila, Meta y Putumayo –como se ha evidenciado
en los últimos meses– impiden
que ejerzan su labor; si decisiones de las
autoridades locales de regiones del norte
del país están mediadas por
el poder de líderes paramilitares desmovilizados;
si las finanzas de los municipios son infiltradas
por grupos armados ilegales; si la participación
de la ciudadanía es coartada y si continúa
incidiendo la corrupción y el clientelismo
ejercido desde la legalidad y la ilegalidad
en las relaciones y las decisiones.
La gobernabilidad local se traduce en control
territorial, pero principalmente en capacidad,
legitimidad y transparencia de sus instituciones,
autonomía de sus autoridades, libre
y real ejercicio de la autoridad y apertura
de la participación ciudadana en la
toma de decisiones y la gestión pública.
En Colombia, la gobernabilidad entre regiones
y capitales difiere marcadamente. Una gobernabilidad
es la que se ejerce en zonas pobres y periféricas.
Allí persiste la confrontación
armada, los grupos ilegales organizados han
logrado mayor penetración, la sociedad
civil se ve amenaza en su libre participación
y el Estado tiene menor capacidad para responder
a las demandas del ciudadano. Otra gobernabilidad
es la de las grandes ciudades. En ésta
indudablemente el Estado tiene una mayor presencia,
legitimidad y monopolio de la fuerza, hay
mejores espacios de concertación, una
relación más fluida Estado-ciudadano
y la sociedad civil tiene más juego.
Más
información 
1-
Este artículo fue publicado en la edición
Nº 15 de “Hechos del Callejón”
Esta revista del PNUD-Colombia, busca hacer
un seguimiento al conflicto colombiano teniendo
en cuenta la perspectiva del Informe Nacional
de Desarrollo Humano: El conflicto, callejón
con salida. Ver http://indh.pnud.org.co