El día 10 de diciembre
de 1948 se proclama ante la Historia un consenso
refundacional de la civilización humana.
Es la Declaración Universal de los Derechos
Humanos. Es un hito clave e histórico
del siglo XX, que nos compromete a luchar para
que nunca más la barbarie, ni la guerra,
ni ninguna justificación política,
económica, social, racial o de ningún
tipo aplasten los derechos inalienables de la
persona humana. La primera mitad del siglo pasado
fue demasiado desastrosa para la vida humana
y la paz. Por ello que tanto la Carta de Naciones
Unidas primero (1945) y después la Declaración
Universal de Derechos Humanos (1948), son el
triunfo de la cordura, la razón y la
tolerancia entre pueblos, ideologías,
religiones, etnias, países y continentes.
Del dolor y los escombros de la Segunda Guerra
mundial se levantó un horizonte de esperanza
para toda la humanidad. Es el triunfo de la
civilización contra el salvajismo, el
despotismo y la crueldad en este mundo.
El mensaje central de la Declaración
es poner de relieve la centralidad del ser humano,
la trascendencia de su vida, el respeto a su
libertad y dignidad y el derecho a su realización
como persona en sociedad. Desarrollo Humano
y Derechos Humanos son las dos caras de un proceso
integral. Esto implica el carácter universal
multidisciplinario e indivisible de los derechos
humanos. Naciones Unidas ha instado a todos
los países a que se tome en cuenta los
derechos humanos y su relación con el
desarrollo humano, como un aspecto fundamental
de nuestra labor. Debemos comprender el papel
de los derechos humanos en términos de
la potenciación del desarrollo de individuos
y comunidades. Al proteger esos derechos podemos
ayudar a prevenir los muchos conflictos que
tienen su base en la pobreza, la discriminación
y la exclusión (social, económica
y política), que siguen afectando a gran
parte de la humanidad.
Digámoslo con claridad,
hoy podemos potenciar las posibilidades de desarrollo
de todos los pueblos de la tierra con el actual
nivel de conocimientos y medios técnicos
y financieros que la civilización ha
alcanzado para lograr el bienestar de todos
los seres humanos del planeta. Por primera vez
en la historia humana podemos decir con certeza
que el problema de la humanidad no es la escasez.
Sabemos como responder a las necesidades del
hombre contemporáneo.
El obstáculo central
está, primero, en el plano de las finalidades,
especialmente del quehacer económico.
Tenemos los medios para responder a las necesidades
básicas y entregar oportunidades a la
gran mayoría de los hombres y mujeres
de la tierra. Pero no hemos colocado nuestras
prioridades en estos objetivos que obligan a
la conciencia moral de la humanidad. Más
aún, si todos los pueblos del planeta
quisiéramos tener la misma proporción
de vehículos que los países desarrollados,
simplemente la tierra colapsaría. O ¿que
pasaría con el futuro del planeta, se
pregunta Ralf Dahrendorf, si la India y China
lograran el nivel de vida de los habitantes
de los países actualmente desarrollados?
¿Quién podría negarles
tales derechos? Simplemente el planeta no resistiría.
Un modelo de desarrollo y de consumo que crea
necesidades superfluas y artificiales para lograr
su reproducción y además concentradas
en una pequeña parte de la humanidad,
es ética y ecológicamente no sustentable.
El segundo obstáculo
se da en el plano del poder y la voluntad política
para destinar los recursos que la humanidad
ha acumulado, no sólo como recursos financieros
o aquellos surgidos de los dividendos de la
paz, sino como conocimiento y tecnologías
para aplicarlos a satisfacer las necesidades
más urgentes de los cientos de millones
de seres humanos que mantienen condiciones de
vida miserables. Y el tercero de los obstáculos
está, muchas veces, en los mismos países
en desarrollo los que desperdician oportunidades
para organizarse, expandir y crear igualdad
en las oportunidades de sus poblaciones. Creo
que podemos romper dichos obstáculos
si garantizamos el respeto de todos los derechos
humanos incluido el derecho al desarrollo, declaración
de Naciones Unidas sobre la cual se ha puesto
un débil énfasis.
Existe una relación íntima
entre derechos humanos y desarrollo humano sustentable.
La política del PNUD es clara y explícita
al asumir una definida integración entre
derechos y desarrollo humano. Más aún,
se podría decir que es inherente a la
noción de desarrollo los derechos de
todos los seres del planeta. Con ello lo que
se está haciendo es darle coherencia
a los mandatos que distintas Conferencias y
Declaraciones que los países miembro
han adoptado especialmente en los últimos
decenios. Así se le otorga en la práctica
toda la validez que posee la Carta de Naciones
Unidas y la declaración Universal sobre
Derechos Humanos..
Los derechos al desarrollo,
en un sentido integral, y los derechos humanos
son principios éticos y jurídicos
que han sido progresivamente perfeccionados
en el marco de las Naciones Unidas a través,
entre otros, del Pacto de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, el Pacto de Derechos
Civiles y Políticos, la Declaración
sobre Derechos al Desarrollo de 1986, La Convención
sobre derechos de la Mujer y la del Niño,
la Declaración de la Conferencia Mundial
de Derechos Humanos de 1993 y la Declaración
surgida en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Social de 1995 con sus mandatos y resoluciones,
como a su vez aquellas derivadas de la Cumbre
de la Tierra sobre Medio Ambiente y Desarrollo.
Todo lo anterior se concreta, aún más,
con las Metas del Milenio adaptada en forma
solemne por los Jefes de Estados y Gobiernos
en el año 2000.
En todos estos instrumentos
que obligan jurídica o moralmente a los
países y gobiernos firmantes se destaca
la importancia de un criterio integrado respecto
del adelanto social. Si el derecho al desarrollo
es un derecho humano y estos se ven sólo
resguardados en democracia, quiere decir que
una estrategia política debe armonizar
democracia, desarrollo y derecho humanos en
un todo coherente, multidimensional e interdependiente.
En la perspectiva del Desarrollo
Humano Sustentable, el progreso duradero depende
del respeto de los derechos humanos y de la
participación efectiva de los ciudadanos
en los asuntos públicos. Como tantas
veces se ha repetido, es el ser humano el sujeto
y beneficiario del desarrollo. El crecimiento
económico es un instrumento a la realización
de las personas, de la justicia y bienestar
de las sociedades. De allí la insistencia
de que la democracia y los derechos humanos
no podrán hacerse realidad sin justicia
social y desarrollo sostenible. La pobreza priva
a millones de personas de sus derechos fundamentales.
Este no es un hecho natural. Es un resultado
social, construido por el hombre. A su vez,
las sociedades se privan de la contribución
de esas personas. Para lograr el progreso para
todos con respeto a la naturaleza y el medio
ambiente, es necesario, repetimos, reconocer
la interdependencia entre de los derechos humanos,
el desarrollo humano sostenible y la democracia.
Este es el verdadero círculo virtuoso
de una sociedad que coloca al hombre y la mujer
como fin del desarrollo.
El PNUD propicia en Chile mirar
nuestro proceso interno para medir nuestros
éxitos y nuestros desafíos en
la perspectiva del Desarrollo Humano Sustentable.
Para ello ha elaborado Informes de Desarrollo
Humano. El primero (1996) se orientó
a analizar la equidad espacial en la distribución
de las oportunidades a través de distintos
instrumentos, los que incluyen el primer Índice
de Desarrollo Humano (1982-1992) para la distintas
regiones del país y para un número
significativo de comunas. El segundo Informe
analiza las asincronías o desajustes
existentes entre el proceso de modernización
en marcha con sus éxitos innegables y
la subjetividad de las personas. En el año
2000 se analiza cómo Chile puede construir
más capital social para lograr “más
sociedad para gobernar el futuro”. Vinculado
a lo anterior el equipo de desarrollo humano
del PNUD realiza un exhaustivo análisis
sobre las condiciones culturales del desarrollo
humano en Chile en el Informe denominado “nosotros
los chilenos, un desafío cultural”.
La sustentabilidad de la democracia
y el desarrollo de un país se basan en
la capacidad de complementariedad que presenta
el funcionamiento de los distintos sistemas
con la calidad de sujetos de las personas y
sus percepciones. Creo que hemos podido colaborar
para que en Chile se de una conversación
pública con nuevos enfoques y antecedentes.
El PNUD desea ayudar a que todos recordemos
siempre que cada ser humano, con su singularidad
y sus potencialidades, representa la verdadera
riqueza de las sociedades. El propósito
del desarrollo es crear las condiciones y las
oportunidades para que todos puedan realizar
sus potencialidades espirituales y materiales
en esta y en futuras generaciones.
La globalización de gran
parte de las actividades humanas hace surgir
desde muchos rincones de la tierra el clamor
de una ética mundial para perfeccionar
las normas e instituciones que puedan recrear
un orden mundial que garantice, en especial
a los pequeños estados, a participar
con equidad, estabilidad y respeto en el concierto
internacional. La sociedad mundial y la política
deben recuperar su capacidad de controlar, orientar
o coordinar los procesos de globalización
que si bien abren oportunidades, también
afecta la vida de las personas en los más
apartados rincones del planeta. Una buena o
mala decisión en Corea afecta la vida
de una familia rural chilena o de cualquier
rincón de nuestra América Latina.
Es cierto que dicha mundialización disminuye
la autonomía de los estados, pero estos
seguirán siendo la base del nuevo orden
mundial que debe nacer al comienzo de este milenio.
Para terminar, deseo simbolizar
en tres personalidades esta búsqueda
de los seres humanos de una ética mundial
que sustente nuestras conductas personales,
sociales, nacionales y globales. En primer lugar
mi homenaje, en la persona del teólogo
católico Hans Küng, a los muchos
líderes religiosos de la humanidad que
fueron capaces de ponerse de acuerdo en una
serie de criterios que constituyen un aporte
a la elaboración de una verdadera Ética
Mundial. Su contenido esta recogido en la Declaración
del Parlamento de las Religiones del Mundo.
Esto es importante porque, ante el surgimiento
de tanto fundamentalismo abierto o solapado,
es necesario como nunca este encuentro de líderes
religiosos alrededor de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, para no caer
de nuevo en etapas superadas de intransigencia
y oscurantismo.
En segundo lugar, una mención
al inspirador y director de los Informes de
Desarrollo Humano del PNUD, Mabul ul Haq recientemente
desaparecido. De origen pakistaní y de
religión musulmana entregó un
enorme aporte a la humanidad para ayudar a darle
concreción a la plena vigencia de los
derechos humanos.
Y por último, no puedo
dejar de recordar al premio Nóbel de
Economía, Amartya Sen. Economista notable,
de origen indio que ha dedicado su vida, su
sabiduría y sus conocimientos para que
el quehacer económico, eminentemente
instrumental, se funde en principios éticos
que ayuden a resolver la pobreza, la injusticia
a través de un verdadero desarrollo humano
sustentable. El PNUD le está profundamente
reconocido por su aporte a los Informes Mundiales
de Desarrollo Humano.
Tres testimonios que venidos
de diferentes culturas y tradiciones han aportado
a comprender lo que a principio de este siglo
un hombre extraordinario, Teilhard de Chardin,
se atrevió a pronosticar: que viviríamos
el desafío de la planetarización,
la homogenización o creciente personalización
de nuestro mundo. Derechos Humanos y Desarrollo
Humano Sustentable en una democracia social
y participativa, con una sociedad civil universal
y un desarrollo que cuide con esmero nuestra
Tierra, es la tarea que tenemos en el horizonte
de este siglo.