Contexto
Uno de los retos históricos
latentes en el Perú es el de cómo
descentralizar sus estructuras políticas
y económicas. Afrontar este reto supone
recurrir al menos a cinco esfuerzos interdependientes:
Primero: compartir con otros
espacios los elevados grados de concentración
del poder político y decisionario existentes
en Lima Metropolitana y en otras zonas costeras
preponderantemente; otorgando mayores funciones,
mandatos y capacidades a las instancias Regionales,
Departamentales, Provinciales y Distritales
de Gobierno.
Segundo: distribuir con mayor
equidad los activos económicos, rentas
y oportunidades de trabajo decente entre los
diferentes sectores sociales y ámbitos
territoriales.
Tercero: derrotar los graves
cuadros de marginalidad y pobreza estructural
que afecta a la mayoría de los peruanos.
Cuarto: rediseñar la
organización económica del territorio,
a fin de articular mercados, poner en valor
las potencialidades existentes en todo el país
e instalar un esquema de producción que
supere el comportamiento primario – exportador
vigente.
Quinto: reforzar los estatutos
colectivos propios de la democracia participativa,
que efectivamente permita a las personas gozar
de una ciudadanía plena.
El tratamiento de las
potencialidades competitivas y ventajas comparativas
de las regiones y localidades menores es y seguirá
siendo en el futuro inmediato, uno de los temas
prioritarios en las agendas tanto del gobierno
como de las organizaciones civiles. De hecho
viene tratándose, con diferentes ritmos,
en los gobiernos regionales y municipales, gremios
empresariales y confederaciones de pequeñas
y medianas empresa. En tal escenario está
en curso un complejo proceso de regionalización
(integración de dos o más Departamentos)
que determinará un nuevo mapa social,
económico y político en el Perú.
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