Varios foros de discusión
realizados en los últimos dos años
sobre los temas de descentralización
y desarrollo local han incluido recurrentemente
juicios orientados a comparar las dinámicas
y estilos que ocurren en nuestro país
versus a los que han estado desenvolviéndose
en otros. Bolivia, Colombia y Chile aparecen
persistentemente en esta galería. Al
mismo tiempo y en los mismos escenarios, la
cuestión regional ha encontrado un nicho
de propuestas amparadas en una dudosa promoción
mediática de la “globalización”y
de mercado libre como el patrón indiscutible
del comportamiento de un nuevo Estado y de una
Nueva Economía.
En el primer caso, felizmente,
se han mantenido latentes serias dudas sobre
la pertinencia de recurrir a comparaciones muy
exhaustivas, teniendo en cuenta la diferencia
existente, en todos los planos, entre el Perú
y los otros países mencionados, supuestamente
para copiar modelos de comportamiento. En el
segundo caso, igualmente se han puesto sobre
la mesa las condiciones básicas que las
dirigencias del Estado y de los actores sociales
privados del Perú debieran considerar
para introducirse en los procesos de globalización
liberal.
En consecuencia, sin desdeñar
algunos factores externos que efectivamente
pudieran incorporarse de manera positiva en
el empeño descentralista peruano, este
tendrá que buscar derroteros muy endógenos
(propios), no solo en términos de contenidos
y perfiles organizacionales, sino que también
en cuanto a sus ritmos. Y esto no obstante la
importancia de asumir que el desarrollo del
conjunto nacional y obviamente de sus diversos
sectores y territorios pasa por una reingeniería
social, técnica y política que
nos acerque a iniciativas de integración
continental (CAN, Comunidad Sudamericana de
Naciones).
Bajar
artículo completo 
La reproducción
parcial o total de los articulos esta autorizada
citando la fuente