Como comentarista independiente,
y desde luego sin que mis palabras representen
alguna forma de compromiso para PNUD, rogaría
que me permitieran abordar los valores del “Informe
sobre Desarrollo Humano 2005” desde un
ángulo personal, ya que aunque lo usual
y expedito es tomar citas del documento y elaborar
en torno a ellas, quisiera más bien destacar
su extraordinario poder investigativo, su rigor
en el análisis y ciertos otros elementos
que rondan más con lo humano y lo ético
que con sus conclusiones técnicas.
Y así, lo primero que desearía
revelar es que tras tres días continuos
de lectura del Informe, nunca imaginé
que iban a perseguirme otros tres días
consecutivos de depresión intelectual.
Por formación humanística
abrigo una gran fe en el ser humano, en su capacidad
no sólo para sobrevivir sino para ascender,
para alcanzar perennemente nuevos estadios de
conciencia, de desarrollo físico y de
crecimiento espiritual. La biografía
del hombre es precisamente eso, un tránsito
desde la oscuridad a la luz, del instinto al
ejercicio de la voluntad, de lo primitivo a
lo civilizado, de la ignorancia a la verdad.
Pero cuando se estudia,
como en este Informe, que en ese tránsito
de miles de años los progresos pudieron
haber sido más acelerados; cuando constatamos
que a la altura moderna del avance científico
no se justifica que padezcan unos de hambre
mientras otros enferman por hartazgo; cuando
las disparidades y las desigualdades persisten
sólo porque no hay voluntad política
para corregirlas, una tristeza honda se apodera
del espíritu y muestra que aún
queda mucho, pero mucho en el largo trecho de
la justicia por recorrer.
Durante estos días
recientes no he podido sino estremecerme al
leer algunas de las aseveraciones del Informe.
En el curso de esta hora en que hemos estado
reunidos han muerto en el orbe mil niños
por causas evitables; 2500 millones de personas
pobres llegan al final del día sin la
mínima esperanza; mil millones de dólares
han sido otorgados como subsidio a productores
privilegiados para que no produzcan, y podría
continuar repitiendo otro doloroso grupo de
verdades.
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