El trabajo de la encuesta, realizado
tanto dentro como fuera de la Policía
Nacional, refleja un alto nivel de profesionalidad
del equipo del PNUD que asumió este delicado
trabajo. Como es de suponer, probablemente el
equipo tuvo que vencer primero una serie de
paradigmas internos, naturales en instituciones
y personas que son objeto de crítica
por la demanda y la oferta de sus servicios.
Un primer hecho destacable en
los resultados obtenidos en este trabajo técnico
es el haber verificado que las condiciones para
encarar una reforma institucional están
dadas, ya que, según la tabulación
y valoración de datos, un 95% de los
miembros de la Policía Nacional aceptan
y esperan el cambio. Este aspecto es reforzado
con un resultado similar en la percepción
de la comunidad usuaria de los servicios policiales,
lo que no podría ser de otra manera,
ya que la institución del orden posee
un conjunto de funciones, tareas y responsabilidades
que son importantes en la vida nacional, y su
presencia se advierte en todo el territorio,
tanto en las áreas urbanas como en las
rurales. Pero del análisis de esta institución
resulta que algunos de los servicios policiales
en la actualidad no están acordes con
el nivel de exigencia de la sociedad, por tanto,
no se ofrece un servicio que brinde garantía
plena.
La función de la policía
es trascendental en la vida de nuestro país.
Se basa y fundamenta en la defensa y garantía
de la vida, la libertad, la justicia, el honor,
la propiedad, la ley, la disciplina y el orden,
a fin de lograr la tranquilidad, el progreso
y la paz. Sin embargo, para que este concepto
tenga solidez y no quede solamente en el marco
teórico, en estos tiempos de renovación
y cambio debemos pensar y actuar con racionalidad,
creatividad, moralidad, eficiencia, eficacia
y verdadera profesionalidad, buscando hacernos
merecedores del respeto y el apoyo ciudadano
y del de nuestras autoridades. Como policías
debemos trabajar siempre por el bien y la seguridad
de nuestra patria para jugar un papel importante
en forjar su grandeza.
Es indiscutible que nuestro
país necesita de una organización
policial moderna, eficiente, especializada y
capaz de jugar papeles que vayan más
allá del ejercicio de las obligaciones
tradicionales, poniendo la natural autoridad
del funcionario policial al servicio de fines
mucho más profundos y trascendentales.
Un país como el nuestro, en proceso de
forjar un futuro más auspicioso, requiere
de una policía sensible, comprometida
con el desarrollo humano y que sea factor esencial
de la integración y solidaridad entre
los bolivianos.
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