En el Informe Nacional sobre
Desarrollo Humano 2007: “El estado del
Estado en Bolivia” se juntan varias explicaciones,
análisis plurales, que abordan desde
distintos ángulos el funcionamiento y
la lógica de organización del
Estado. El debate que abre esta publicación
es extraordinario, no sólo al interior
de las ciencias sociales sino fundamentalmente
de la sociedad civil profundamente politizada
en tiempos de cambio y de transformación
estatal.
TRANSFORMACIÓN
RADICAL
Hace más de siete años
debatíamos en el país si estábamos
atravesando o no una crisis de Estado. Los hechos
demostraron que el Estado se estaba transformando
radicalmente. ¿Qué significa esto?
Que hay un cambio sustancial en sus correlaciones
de fuerzas, es decir, en el posicionamiento
de grupos con capacidad de decidir o de mandar.
Cuando uno oye la historia
del Presidente Morales, campesino, migrante,
obrero, llamero, trompetista, productor cocalero,
convertido en Presidente de la República,
está claro que el mundo ha cambiado radicalmente
en cuanto a quiénes son hoy los que tienen
capacidad de decisión. Los grupos que
ahora comienzan a controlar los ámbitos
de decisión de la administración
del Estado se han modificado de manera dramática.
Lo mismo en las creencias. Si
uno revisa las creencias dominantes de hace
apenas siete años está claro que
el “sentido común” ha variado
notablemente. Hace siete años el sentido
común se movía en torno a la eficiencia,
la inversión extranjera como salvación
del país, los pactos políticos
para garantizar gobernabilidad y viabilizar
la democracia, la globalización como
nueva muletilla detrás de la que corrían
gobernantes, intelectuales y organismos internacionales.
Ese era el sentido común que atravesaba
a gobernantes y gobernados. Hoy estamos ante
un nuevo sentido común que se expone
de manera muy detallada en la investigación
del PNUD.
UN NUEVO SENTIDO COMÚN
¿Cuáles son los
ejes del nuevo sentido común? Hay una
satisfacción con la democracia y la gente
se siente comprometida con ella. La democracia
está pasando sus pruebas de fuego: no
solamente es capaz de ser el escenario de resolución
en momentos de estabilidad, sino en momentos
de crisis, de transición estatal, de
transformación del Estado. Ello se explica
por la fortaleza de la sociedad civil que ha
permitido anular y atemperar las posibilidades
de confrontación y de violencia social.
Atrás ha quedado también
la democracia reducida a pactos partidarios.
Nadie ya traga el cuento de que democracia es
poner un voto cada cinco años y esperar
que otros trancen en el Parlamento. Hay una
apetencia de auto-representación y de
autogobierno. Es decir, hay una búsqueda
de profundizar la democracia como co-gobierno,
como acuerdo de todos para tomar decisiones
en el conjunto de la administración del
Estado.
Otro elemento del cual habla
el Informe del PNUD es la pluri-institucionalidad.
Es ya un sentido común que no existe
solamente una lógica de acción
política individual, sino que hay formas
comunitarias de tomar decisiones, igualmente
legítimas, que no son ni superiores ni
inferiores. El Estado pluri-institucional es
la única manera de superar esta esquizofrenia
de elites que caracterizó a los gobernantes
en 180 años: proyectarnos muy liberales
para una sociedad que no es liberal ni lo será
los siguientes cien años, porque la base
material del liberalismo: la individuación,
no se ha producido de manera plena en la sociedad
boliviana.
Y ese es un hecho de economía.
En tanto haya estructuras tradicionales de la
economía agraria y estructuras tradicionales
de la economía urbana, habrá colectivismo.
Y éste será la forma de tomar
decisiones en una sociedad que encuentra en
la articulación colectiva la única
manera de suplir la ausencia de Estado o de
recursos de movilidad social.
Otro eje de este sentido común
es el nuevo papel del Estado en la economía.
Hasta hace tres años, frente al discurso
dominante de privatizaciones emergió
otro discurso de nacionalizaciones. La pregunta
era cómo entender la recuperación
de los recursos públicos. El Informe
del PNUD muestra una imagen de recuperación
de los recursos naturales en manos del Estado.
El privatismo obsesivo y fracasado de los años
90 no ha sido sustituido por un comunitarismo
local, sino por la idea del Estado nacional.
Esto brinda un enorme aporte al debate en la
Constituyente. El gas, el agua, el petróleo,
los minerales, ¿son de propiedad de las
comunidades, de las naciones indígenas,
del municipio, del Departamento, de las provincias?
El sentido común nos dice que los recursos
naturales son del yo colectivo, es decir, del
Estado.
UN NUEVO PATRIOTISMO
Hay una profunda claridad sobre
lo que podríamos llamar emergencia o
la base material de un nuevo patriotismo. Más
que de un nuevo nacionalismo, al estilo del
52, lo que estamos viendo es el surgimiento
de un nuevo patriotismo que tiene una composición
cultural identitaria plural. Es un país
de varias naciones, pero está teniendo
la capacidad de construir un Yo colectivo que
nos une: la Patria. Y la forma de materialización
de la Patria es el Estado.
El otro sentido común
es la emergencia de identidades plurales. Somos
aymaras, somos quechuas, somos guaraníes,
mojeños, trinitarios, pero fundamentalmente
hay una identidad superior que las engloba a
todas: somos bolivianos. Todos tenemos muchas
identidades, pero solamente algunas identidades
tienen una carga y función política.
Lo novedoso es que hay ciertas identidades que
tienen un efecto político movilizador.
Y esas son las identidades étnica-local
y patriótica-nacional.
No es entonces la repetición
del proceso del 52, que homogeneizaba la cultura
y la lengua. Hoy el Yo colectivo no es homogéneo:
reivindica su identidad local y nacional.
CRISIS Y ESPERANZA
Varios ejes de este sentido
común nos hacen avizorar que más
allá del debate polarizado algo comienza
a unirnos. Muchas cosas nos separan, nos confrontan
y disentimos en ellas. Por eso hay una profunda
crisis estatal que va más allá
del horizonte liberal o neoliberal y atraviesa
la propia estructura republicana. Lo que hoy
está en juego son los grandes problemas
irresueltos de la vida republicana (descentralización
político-administrativa, culturas, idiomas,
colores de piel y la pluri-institucionalidad
del Estado).
No sólo estamos abordando
como generación problemas de corta temporalidad,
de coyuntura, de 20 años: estamos abordando
problemas de nuestra vida republicana que no
pudieron ser resueltos ni por gobiernos militares
ni por caudillos bárbaros, ni por caudillos
letrados, ni por liberales, ni por nacionalistas
ni por neoliberales. Y es ahí quizás
el gran desafío que se nos presenta como
sociedad.
Existe una plataforma donde,
pese a nuestras divergencias y temores, comenzamos
a sentirnos partícipes del Yo colectivo.
Es un gran reto abordar estos temas, convertir
este sentido común en estructura institucional
del Estado y en una nueva estructura de correlación
de fuerzas legítima y sostenible. Si
lo logramos, esto que hoy provoca angustia y
es parte de nuestra vida conflictiva, habrá
encontrado una salida exitosa y podremos mirar
el futuro de manera digna. Porque habremos resuelto
la herencia de los retos de nuestros antepasados
y habremos brindado a nuestro país un
camino sólido de convivencia y pertenencia
colectiva. El aporte que nos hace esta
investigación del PNUD es gigantesco.
Siento que es una obligación, no sólo
de los constituyentes, sino de los políticos,
de los gobernantes y gobernados, acercarse a
este Informe que no solamente muestra los problemas,
sino que también nos abre las esperanzas
para resolver las profundas tensiones que tenemos.
Definitivamente estamos, desde
la obra de Zavaleta: Lo nacional-popular en
Bolivia y El poder dual, ante la obra más
importante de las ciencias sociales sobre el
Estado en Bolivia.
Acceda al Informe 2007
en http://idh.pnud.bo/webportal
Presentación,
Prólogo y Sinopsis